martes, 8 de agosto de 2017

Alteración de partículas

Nota para leer este texto
Entrar a Spotify y escuchar con St Woods de fondo. 




Habría que mirarlo con lupa.
Con un telescopio de gran magnitud. 
Con las gafas de un miope. 
Partículas. 
Es algo minúsculo.
Un cambio. El miedo terrible a cagarla con la confianza ciega que tienes al ver que otra ola va a volver a buscarte aunque te quedes inmóvil y cierres los ojos para hacerte desaparecer. Como cuando jugabas al escondite mientras te salían los primeros dientes. 
La verdad es que creerse poeta es matar a la poesía, y yo nunca he querido acabar con nadie. 

Tengo el historial de búsquedas lleno de creencias. 
Creo que hay más planetas con vidas y mundo paralelos. 
Creo que entre nosotros hay espíritus. 
Creo en la existencia de varias dimensiones. En tres de ellas no coincidimos en el espacio-tiempo. 
Creo en la fe. Aunque los domingos es como no creer en ella con la doble negación tras la resaca.
Creo en las tormentas de verano y en el poder de magnitud de atracción de tu modo de articular las palabras sin hablar. 

Con mi pseudónimo mudo voy cerrando etapas de un tour inacabado. 
Ahora es cuando caigo en la cuenta de que quedaste encerrado en cuatro paredes, sin llegar a meta, antes de que yo fuera a abrir la puerta.
Pero había que mirarlo con lupa para dar con el cambio de que el amor romántico está demasiado utilizado para encubrir malos hábitos. 
Como tú el fumar y yo el mirarte en fotogramas. 
El amor romántico está sobrevalorado. Es el canalla de la clase. Al que todos miran cuando es expulsado para ver al director. 

Debería ser por eso, por lo que nos ha convertido a ambos en una alteración de partículas.
Que se encuentran de vez en cuando como una órbita que deriva en el cruce de planetas que se saludan después de miles de años luz. 
Hasta la próxima vuelta. 









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