jueves, 26 de enero de 2017

I.

Estoy esperando a escribir el guion definitivo de mi vida. La palabra final y exacta que haga que el público se levante y aplauda orgulloso de mi. 
Estoy consumiendo canciones para encontrar la que elija de banda sonora de los momentos que lleven intrínsecos una sonrisa. O la carcajada que rompa a la valentía difusa de un malnacido. 

Soy de las que leen la última frase de los libros que encuentro para decidir si escogerlos o no. Puede que las portadas engañen más que las palabras. 
No sé porqué comienzo hablando de libros, si soy más de películas si la compañía es buena.
Acompaño mis días con golpes de vecinos en el silencio de mi habitación y pienso: '¿merece la pena?'. (Claro que merece la pena). Luego me imagino entrando a su piso como lo haría Vincent y Jules en Pulp Fiction. La verdadera historia que merece ser contada por Tarantino protagonizada por mi ira. Lo que Inside Out no reprodujo en la esencia del personaje animado. La imaginación perdida que me hace gritar un 'joder' y callarme. Y no subir a quejarme, por supuesto.

La ciudad era eso; vivir momentos, mirar a todos lados, estar prevenido, calcular el tiempo, dinero, drogas, fiesta, facturas, resaca, sexo, andar rápido, alarmas, robos en plena calle, gritos, pobreza, consumismo, quejas, resignarte, cerrar la puerta de lo que llamas casa. 

Si alguien me hubiese puesto una nota en la puerta antes. Si F. no me hubiese dejado.
Si mi madre me hubiera avisado de que la vida era esto.

Tener el control de una vida es difícil sin la edad reglamentaria. 
Pero estad seguros de que sigo viva. 



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