sábado, 22 de agosto de 2015

Del amor romántico de las películas que ya sabes.

"Había hecho una apuesta con una conciencia que se aparecía de noche en mi interior. Sobre todo los fines de semana, "el antes y el después, my friend, no lo olvides", eso se le olvidaba a la quinta copa cuando tenía planeada dejarme subir sola y en zigzag por las escaleras hasta un tercero sin ascensor. Y no me encontraba con un piso con cuadros de Picasso o Van Gogh (aunque fuesen copias baratas bastante fieles a la realidad) ni El Quijote en una estantería repleta de libros solo por aparentar.. nada de eso. Calcetines sucios, una corbata azul de rombos blancos tirada en la silla esperando a que alguien la salvase y la tirase a la basura. Y la conciencia gritándome frases llegando a los nervios y las notas más altas, aunque para mi fuesen ecos: "el después, el después..." 

Había pisado tantos escenarios de películas (en mi imaginación, claro) que al verle y hablarle esperaba que me dijese la frase crucial que haría que sonase mi canción favorita durante dos minutos y medio, y una sonrisa y la gente a nuestro alrededor bailase. Qué puta mierda. 
El amor romántico es real si dura dos horas y media y es en pantalla gigante, mientras escuchas al de dos filas más atrás como mastica las palomitas como si en su casa no le hubiesen enseñado a comer bien. No me quiero imaginar cómo de infeliz será su pareja en la cama. Pero quitando y olvidando eso, te puedo asegurar que me gustaba, no era nada de lo que imaginaba pero me gustaba, hasta que luego... Vaya, llega el camarero y te dice que tienes que irte, que ya no puedes ocupar esa mesa hasta cuando quieras solo por pagar dos platos, la bebida y el postre (aunque he de decir que se nota que los fines de semana es comprado y no recién hecho) y que el trabajo sigue, y el mes y cobrar y la vida. Y tu conciencia te mira sonriendo desde la salida de aquel restaurante que era vuestro favorito como diciendo que ya habrá otro."

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