sábado, 25 de abril de 2015

Ipanema

Te he puesto de despedida en mi página azul índigo y un monumento en la plaza de mi ayuntamiento lleno de pagarés de promesas corruptas. Para no ser contigo otro ejemplo más, cuando esté en la frontera y me dé por salir.
El aleatorio de Carlos Sadness me cuenta que somos versos desiguales en días impares,
en los pares te atas más sin avisar.
Y argumento mis esquemas para no romper el papel.

Eres el obstáculo de una carretera solitaria de Nebraska, en el que me quedaría sentada al lado esperando. Sin pillarme el rebote de niña caprichosa, ni anochecer llorando por mi final inminente.

Te imagino tumbado en mi edredón los Domingos, echando a rabiar al Lunes cuando el reloj marca que ha llegado.
Ipanema no brillaría sin tus "buenos días" ni yo sería persona, entre tanto sueño perdido al ir de camino al trabajo, sin tus zumos de naranja y pomelo.

Te has quedado aferrado a mis costillas, declarándote alpinista mundial por los días soleados de Abril, pero no hay nada de tu calendario de rutas.

Una vez mis huesos saltaron por los aires al verte y decidí amarrarlos con cinta clara que me recordase a tu pelo.

Y de alarma en alarma, voy poniendo luces para que nos muestren la salida de los caminos que cruzamos y a una de estas, de un casual, nos encontremos.
Y qué se yo, me preguntes mi nombre, nos tomemos un café, echemos una partida en los recreativos, nos disfrazemos de salvajes cuatro veces por semana (dos de ellas en tu cama), inventemos una canción y te quedes.

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