miércoles, 25 de marzo de 2015

Poleo menta

Me llaman Margot. 
Quizá esta no es mi mejor manera para presentarme, no sé para quién qué estoy escribiendo esto. Me acabo de terminar mi última cajetilla en lo que va de día, y van dos, y hace seis horas he dicho que la primera iba a ser la única.
He roto todas mis promesas (incluso la de dejar de fumar, que prometo doce veces al mes) y no me he enamorado de mi pareja. Se lo he dicho. No ha llorado. Me ha llamado Margot, con ojos de cervatillo herido, pero no ha llorado. Quizá él tampoco estaba enamorado. O lo llevaba tan dentro guardado que ni aún así pude verlo. No sé quién estaba más ciego de los dos. 
Ha recogido sus cosas, que se resumían en el cepillo de dientes y una camiseta blanca de un pijama, que parecía de un chaval adolescente para ser sinceros y sin pantalones "para ahorrar tiempo, por si acaso". 
Ahora miro las paredes y escribo frases imaginarias que éstas escucharon de su boca. Y aparte de orgasmos y cosas bonitas, también se llevaron perlas para el recuerdo. Le he querido, lo confieso, pero no amor. 
Amen, sí, pero de verdad.

Y eso... no sé por donde estaba... ah, orgasmos y cosas bonitas y que mi lencería no era barata, era cara, era la hostia de cara para "noches de sexo sin control, eh", bromeaba la chica de la tienda, con guiño incluido. Noches de sexo sin control, creo que era eso, que solo follábamos. Pero él era todo un continuo "Margot, llevamos un año y cinco meses, ¿no te parece suficiente para saber que estamos bien?". 
¿Me estaba hablando del amor y del tiempo en una misma oración? Así se atrevía a negarme lo evidentemente roto que estaba todo. Tiempo. Incluso me podría enamorar de mi mejor amiga, en ese caso, que la conozco desde hace seis años y la tengo un cariño que no veo de la alegría que me da verla. Porque te enamoras de alguien que te hace sentir bien, ¿no?. Quizá lo esté, siempre me ha gustado su sujetador negro de encaje, su piel blanca combinada con su pelo color miel y su risa cuando suelto alguna tontería.

Joder, Margot, qué te está pasando. 

Solo puedo mirar mi poleo menta, oler su aroma, pensar en su sabor y en la persona con quien lo compartiría y no era él. Una cosa tan insignificante como una infusión compartida con alguien, y no pensar en acabar acostándonos. O quizá sí, como ya he dicho mis promesas tienen su momento de ebullición para romperse de manera rápida.
El chico con quien compartiría poleo menta. La hostia. 
Ojalá me llame Margot y me quite las bragas, por qué no. 
Creo que tengo miedo de que nunca me lo llame. Las cosas complicadas tienen su punto, le podría decir te quiero y sentirlo y gritarlo y bueno, compartir infusiones también está bien... Ojalá nunca dejen de hacer poleos menta, por si acaso en una de estas "ocasiones extraordinarias de Margot" agarro mi valentía y le suelto tres tonterías, un emoticono gracioso y la verdad. 


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