miércoles, 4 de marzo de 2015

Nómada

P. tenía la facilidad innata de buscar amor en caderas de fin de semana.
Nunca imaginó que su existencia cambiaría con Marlenne, Anne o Jane.  
En su juventud era un perro perdido en un mundo cruel, se metía en peleas de suburbios cuando llevaba tiempo sin gramos, tenía una cicatriz desde el hombro hasta la parte inferior del omóplato, él lo llamaba precipicio.  

Su rebeldía había traspasado fronteras de camas hasta llegar a V. Quizá era por el tatuaje que la recorría el muslo o la risa pasadas las 5 de la mañana cuando el porro llegaba a su fin. Su cinco de corazones que sólo existía para él. Los whatsapps de P. a V, a la salida del trabajo, con cuatro guarradas y un "te quiero". El sexo que con oírlo hacía correrse al vecino del 5º B del edificio rojo de enfrente.  
P. se había enamorado de V. 
V. no.
Se había largado con una nota de bienvenida a su nueva vida, a las 16:45 de un 14 de Abril.

P. había llorado como un niño al perder un juguete viejo. El tren que le llevaba a creer que había algo más seguro que la muerte. 
Había escogido el juego por eso del azar, era como arriesgarse a usar la vasija nueva en nochebuena, delante de toda la familia, rezando para que no se rompiese un plato en un descuido. Tenía el as de corazones tatuado en su muslo derecho, que rompía el suelo cada vez que ganaba al poker. Allí conoció a Marlenne. 
Rubia, despampanante, tetas operadas. Tenía una media luna en su hombro, a P. le encantaba morderla, dejar sus dientes clavados con su forma cuando lo único que veía era la espalda de Marlenne y orgasmos de banda sonora. Nunca se intercambiaron los teléfonos, "era el azar" eso explicaba los encuentros fortuitos en madrugadas de Invierno. Luego la perdió la pista. Y se perdió el también. 

Un nómada en una ciudad buscando. ¿Buscando qué? Quizá buscando enviar mensajes a las tantas, cuando  algunos niños sueñan con hacerse princesas, esperando que se cumpla el deseo de recibir una respuesta que les haga creer que vale la pena. 

Con Anne la mala época llego a su fin, era la antítesis de las demás, la norma tachada, la chica buena que todas las suegras desearían para sus hijos. La chica salida de las películas americanas que odia las injusticias sociales, el alcohol, las drogas y la encanta bailar, pintarse, comer palomitas de mantequilla en el cine y llegar a casa antes de las diez. Pero lo hacía bien y eso para P. bastaba. Ella esperaba cambiarle, ser la prueba de que el verdadero amor existe, tener a alguien a quien agarrar mientras paseas y sueñas despierta sin miedo a estrellarte. P. buscaba diversión, era un hijo de puta. La vida no le había hecho así, en realidad lo era. Todo venía desde hace tiempo, eran tantos años que había olvidado los motivos, era la bala perdida de una pistola rota.

 Nómada, nómada, no te aferres a nadie, nadie va a dar un duro por ti, cabrón.
 No sueñes, no sientas, no quieras. Clavatelo en la memoria, cabrón. ¿Me oyes?
Tu madre nos abandonó, nos dejo tirados, ¿quieres eso otra vez? ¿te va a llevar el "crack" por la mala vida? No acabes así. Prometemelo, sé que tienes siete años pero hazlo. Dímelo. ¿has cogido la merienda, chico? Eres el hijo que hace las pizzas de jamón y queso más ricas de este Estado, así que hoy solo por eso tu día va a ser grandioso. Corre, rápido que pierdes el bus. ¡Rápido!


Nómada, nómada.




2 comentarios:

  1. Mola mucho, ¿sabes? Me he abierto ahora mismo una cuenta sólo para comentarte y porque a la vez, leyendo este blog, se me transmite la iniciativa de empezar a escribir yo mismo en Blogger.

    Un saludo, WG. , voy a seguirte también en Twitter.

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    1. Aw, muchas gracias :)
      Es bonito ver este tipo de comentarios, yo también empecé así. ¡Dale caña a la imaginación! (sin desesperarte, que las musas vienen cuando quieren...)

      ¡Un saludo!

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