lunes, 23 de febrero de 2015

Hecatombe ciclíca

Esta mañana me he mirado en el espejo,
con mis ojeras pegadas como post it con forma de sonrisa, azules casi grises.
Luego he visto el cielo tan triste que le he enseñado el mordisco que me dejaste anoche, 
y me ha mandado a la mierda en forma de lluvia
Joder con la envidia, y que la envidia te venga y oiga al vecino que jode y tú no. 
Que sepas que la tos me ha acompañado toda la semana y me está quitando el aire que no vienes a darme. 


Me cago en la puta vida que estoy gastando sin compartir contigo. 
No me salva nadie de las horas perdidas y me tengo que encontrar yo, a veces sentada en el váter, leyendo las etiquetas de los botes de champú 
(cómo si fuese a descubrir un idioma más raro que el nuestro),
luego tendiendo la vista al infinito caer en la cuenta de que ya llevaba allí tres cuartos de hora sin bragas pensando en tu infinita espalda,
o en tu barba
o en tu barba y tu boca.
O en lo que me hiciste la noche del Miércoles que se repitió también el Viernes y el Sábado. 

Por la tarde me he puesto a mirar fotos y vídeos de parejas en Instagram, por si acaso nos encontraba en algún lugar, y ha sido maravilloso no hacerlo, sin filtros, sin paisajes, ni perfección, ni poses ni mierdas. No me hace falta subir nada a ninguna red social para ser inmortal si me piensas un poco.
Luego he pensado en hacer una declaración de independencia, por eso de que si te enamoras la lías y de quién caerá primero, y he decidido que sería una con carácter inmediato 
e inmediatamente he quemado el lápiz. 



Perdón por mis juramentos, a las tantas.
Y mis groserías por el día. 
Es que no se puede explicar estas cosas de otra forma, 
quizá la poesía esté también harta de que la juntemos con el amor y lo cursi.
Ni siquiera esto es poesía, es. 



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