martes, 13 de enero de 2015

Nadie entendió que América estaba enamorada.

Habían pasado tantas guerras, cuando con él llego la paz agarrada a su mano izquierda. 
Querían fuego y encontraron sus cenizas entre los pies,
como quién encuentra un árbol a medio morir en mitad de un camino y observa.
¿Quién fue el gracioso que puso la belleza justo ahí?

La veías pasar, con su elegante collar de perlas lamiendo su cuello,
ese que nunca se quitaba y te preguntabas quién sería el valiente de arrancárselo de cuajo. 
Quién sería el inconsciente que quería saber lo que era la mala vida
y la buena suerte.
Maldigo a la persona que se atreva, y la deje medio desnuda. 
Era tan tóxica, se calaba en tu piel como el paquete de tabaco que dejaba medio vacío a su paso, y terminaba al cerrar la puerta.


"Ya ha comenzado la cuenta atrás se acabará, 
no es que no me importe es que simplemente sé que lo hará... "



Todo el mundo sabía que si se marchaba de tu vida era el final. 
A nadie nos pareció extraño verla con un anillo de perla de marfil, después de tanta paz y poca guerra. 
Fue viajando por distintas galaxias hasta encontrar su no-planeta.
Y se instalo con un mantel de picnic, sin cesta. 



"Una fiesta de despedida por cada uno de aquellos días que fueron tan rápidos, tan fáciles, tan intrépidos, tan imbéciles que se marcharan."



Dejó su cuerpo a merced de la libertad, para quedarse encerrada un tiempo en otro corazón, que el suyo, respondía, ya lo tenía un poco roto. 



Nadie entendió que América estaba enamorada.

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