viernes, 16 de enero de 2015

Bienvenida a Tom, Madrid.


Todo lo que sé de él es a través de un cristal. 
La ventana del edificio de enfrente que da lugar a catástrofes maravillosas.
Seguramente escuche indie o algo bohemio, algún grupo que nadie ha logrado adivinar en ningún juego de mesa de Domingo.
Te voy a llamar Tom, quizá mañana seas Javier.
Tiene ese misterio encantador que le da una doble ventana rodeada de ladrillo rojo desgastado. 
El misterio resuelto de oír once campanadas cuando el sueño está llegando y 
te preguntas qué hora es y en qué pensamiento te has quedado a vivir. 

A veces veo una sombra guiando sus pasos por la habitación, 
quizá pensativo por encajar una palabra en un texto, 
o inquieto con miedo a dar la última pincelada. 

El último aliento del alma al tener los nervios a flor de hiel.
Eres el viajero con más historias, no contadas por ti, que conozco.
Espero a ver, en silencio, cómo la luz llega a tu habitación, sin que tú me observes. 
Espero encontrarme con una casualidad que me haga verte a pedazos, 
como cuando una gota de agua rompe contra el suelo. 


Hoy hace frío, desconocido. 
Pero podríamos vestirnos de Verano en Invierno, 
porque las convenciones culturales son las preferidas para clavarlas en mi cartel de cosas que no se hacen. 
Quizá un día coincidamos mirando un escaparate de una tienda de souvenirs cutres, nos fijemos en un paraguas que no llevaría nadie en días de tormenta extrema, 
y ninguno nos demos cuenta de que yo he estado mirando a tu ventana a cada en punto de los fines de semana. 
Y tú que la chica que esperaba en la parada de autobús era yo. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario