lunes, 4 de junio de 2018

Primera regla básica para sobrevivir a una presunción de final

Primera acción: 
Identifica la sensación.
Busca adjetivos en el diccionario hasta que des con uno o uno te dé a ti. 
Abre la primera acepción. Acepta el terremoto que llega y la tormenta que amenaza con derrumbarte. 
La segunda vez que se repite una frase de advertencia de tiempo lluvioso suele venir acompañada de truenos. 
Ármate de valor. 

Segunda acción:
Ata cabos a tu cuerpo hasta que encuentres un ancla al que amarrarte. Sujeto, predicado, verbo, complemento directo de ausencia de miedo, verdad y punto. 
No puedes escribir sin leer a otros, decían. Tienes que empaparte de autores reconocidos, sentir lo que sienten y vivir las letras como si te las dijesen al oído, ¿lo entiendes?. 
Id a predicar a otra parte.
No puedes escribir sin leer a otros y yo solo quería leerte a ti.
No tienen ni puta idea de arte, literatura, política o sociedad si no te conocen de madrugada. 
Considera las opciones. 

Tercera acción:
Advierte cuál de los dos miente. 
La dificultad reside en reconocer el resultado a la primera.
El drama gusta, lo saben en la televisión; por eso ponen todo el día la misma estrofa. El engaño, el morbo, la envidia, el bombo y hasta el puto platillo. Ahí está el drama, ¿lo ves como se vende? 
Pues claro que nos gusta el drama, advierte quien miente. 
Admira la situación, hoy en día pocas veces se ven verdades en palabras, ¿no te parece maravilloso y singular que el drama se vista de sinceridad por una ocasión en su vida?

Presuntamente estoy hablando de un presunto final, valga la insistencia,
para que te quedes.






lunes, 16 de abril de 2018

Anatomía de un instante

Mensaje enviado a las 13:47 del 16/05/2015
Sin respuesta;
como se vive la existencia, como se tiende a negociar con quien nos presta dinero cuando se siente en el pecho la necesidad de un papel con un bonito diseño y como quien da la hora de salida de nuestro vuelo pero no avisa de las posibles averías o atrasos (porque dicen que se trata de ver las cosas con el prisma en modo positivo).

Cambio de letra. 
Cambio de testigo presencial de la situación en Whatsapp.
De foto de perfil. De frase de 'estado' donde mostrarte como 'Ocupado'. 
Cuando lo único que quieres es que te ocupen las trincheras, sin condiciones; 
como si llegase la rendición de un soldado que aparentemente se quiere salvar para sentir un latido más de su corazón y no por razones de amor. 
Está tan visto ese discurso de 'me rindo por amor'. Todo estupideces. 
El Universo, el destino, la vida, la conexión, la electricidad y todos los dispositivos con batería por si acaso nos unen.

Si te rindes lo haces por tu bien, porque si ese mensaje en forma de pañuelo blanco hubiese sido correspondido te hubiesen sobrado vías de escape para volver.

En 1º de la ESO, la profesora de biología nos dijo una vez que la sensación que le daba dar clase era de las más bonitas. Ella decía que era todo por ver la curiosidad en nuestras caras, como si tuviésemos en nuestras pupilas el sentimiento más puro y no el de aprobar como fuese. Pues hay que joderse. Anda que sabía ella de amor por la anatomía de los seres humanos, cuando no tenía ni puta idea de lo que escondían nuestras cajas. 
Me podría haber anotado en una amonestación que no enviase ese mensaje,
a causa de que no todo es teórico,
y haberme mandado exactamente un minuto antes a su despacho
y el móvil confiscado hasta tu nuevo aviso. 

jueves, 9 de noviembre de 2017

/articulo-390

El punto de inflexión estaba en volver al punto de partida por decisión propia o quedarse esperando a que decidiese salvarse. 
Tenía 25 años, qué coño iba a saber de la vida. 

Ni siquiera la vida me conoce todavía y yo estoy esperando a que se digne a darme la enhorabuena por haber tenido el valor de atreverme a desafiarla en sus retos.
Que pocos pueden. 
De icnoexinoens está hecho el mundo,
pero ojalá vengas a quedarte.

Todos me hablan de las oportunidades pérdidas, 
cuando no te conocen. 
Todos me dicen que saldré de esta, 
cuando soy yo la que entra en el laberinto una y otra vez. 

Tendría 30 años, estaría tan equivocada como siempre,
pondría todas las discusiones llenas de errores espacio-temporales para no perder el hilo rojo del que los demás hablan y nadie me ha enseñado. 
Porque si empezamos a unir parecidos y tenemos la valentía de mirarnos a la cara,
seríamos la primera conversación pérdida del teléfono rojo.
El estribillo de una canción de moda que no escucharíamos si no fuese necesario o una casualidad infinita. 

Y los puntos de inflexión que pasan de ser como el resto y se salvan
a la vez.