martes, 8 de agosto de 2017

Alteración de partículas

Nota para leer este texto
Entrar a Spotify y escuchar con St Woods de fondo. 




Habría que mirarlo con lupa.
Con un telescopio de gran magnitud. 
Con las gafas de un miope. 
Partículas. 
Es algo minúsculo.
Un cambio. El miedo terrible a cagarla con la confianza ciega que tienes al ver que otra ola va a volver a buscarte aunque te quedes inmóvil y cierres los ojos para hacerte desaparecer. Como cuando jugabas al escondite mientras te salían los primeros dientes. 
La verdad es que creerse poeta es matar a la poesía, y yo nunca he querido acabar con nadie. 

Tengo el historial de búsquedas lleno de creencias. 
Creo que hay más planetas con vidas y mundo paralelos. 
Creo que entre nosotros hay espíritus. 
Creo en la existencia de varias dimensiones. En tres de ellas no coincidimos en el espacio-tiempo. 
Creo en la fe. Aunque los domingos es como no creer en ella con la doble negación tras la resaca.
Creo en las tormentas de verano y en el poder de magnitud de atracción de tu modo de articular las palabras sin hablar. 

Con mi pseudónimo mudo voy cerrando etapas de un tour inacabado. 
Ahora es cuando caigo en la cuenta de que quedaste encerrado en cuatro paredes, sin llegar a meta, antes de que yo fuera a abrir la puerta.
Pero había que mirarlo con lupa para dar con el cambio de que el amor romántico está demasiado utilizado para encubrir malos hábitos. 
Como tú el fumar y yo el mirarte en fotogramas. 
El amor romántico está sobrevalorado. Es el canalla de la clase. Al que todos miran cuando es expulsado para ver al director. 

Debería ser por eso, por lo que nos ha convertido a ambos en una alteración de partículas.
Que se encuentran de vez en cuando como una órbita que deriva en el cruce de planetas que se saludan después de miles de años luz. 
Hasta la próxima vuelta. 









lunes, 3 de julio de 2017

Violet I

Mi Violet
Querida Violet

He sido un estúpido. Estúpido como solo alguien que quiere y ve la manera de despedida más cruel, se queda varado en la estacada como si no supiese arrancar un 'hola de nuevo'. Pero he llegado a la conclusión, tras tres meses, que sigo en el punto exacto de la despedida. 
Soy un personaje de ficción. Uno de esos que durante el guión parece que va a salir todo bien al final y acaba con una copa de más en la barra de un bar a diez minutos de su casa. 
Casi me atrevo a ser más ridículo al darte un "like" en Instagram, cómo si un icono minúsculo de un corazón te fuese a decir todo lo que pienso. 

Soy un personaje de ficción de los cobardes. De los que necesitan a un Woody Allen para que les reescriba la historia, pero no caigan en un agujero negro. También, por supuesto, una banda sonora. Ya no me da vergüenza admitir el simple hecho de que bailar contigo era mejor si sonaba Hans Zimmer de fondo. Aunque mis amigos pensasen que me había vuelto un cursi. 

Estoy harto de leer poemas que no hablan de nosotros, 
de ver los reencuentros en el telediario en los días previstos para ser todo noticias de Navidad, vacaciones y aviones aterrizando en el que no estés en el asiento 25, fila 10, ventana. 
Te escribo para tirar esto a la basura, porque necesito decirle al mundo que ha sido la historia de la que todos han hablado durante tanto tiempo que al final el tiempo se ha quedado con nosotros para recordarla. 
Tengo el tercer cajón de la mesita de noche con las fotografías de conciertos, la entrada de teatro a la que nunca fuimos por mi intoxicación con sushi y la luciérnaga de plástico azul más horrible del mundo. 

Joder, Violet, qué nombre tienes para que me acuerde de ti,
sin necesidad de flores. 

jueves, 26 de enero de 2017

I.

Estoy esperando a escribir el guion definitivo de mi vida. La palabra final y exacta que haga que el público se levante y aplauda orgulloso de mi. 
Estoy consumiendo canciones para encontrar la que elija de banda sonora de los momentos que lleven intrínsecos una sonrisa. O la carcajada que rompa a la valentía difusa de un malnacido. 

Soy de las que leen la última frase de los libros que encuentro para decidir si escogerlos o no. Puede que las portadas engañen más que las palabras. 
No sé porqué comienzo hablando de libros, si soy más de películas si la compañía es buena.
Acompaño mis días con golpes de vecinos en el silencio de mi habitación y pienso: '¿merece la pena?'. (Claro que merece la pena). Luego me imagino entrando a su piso como lo haría Vincent y Jules en Pulp Fiction. La verdadera historia que merece ser contada por Tarantino protagonizada por mi ira. Lo que Inside Out no reprodujo en la esencia del personaje animado. La imaginación perdida que me hace gritar un 'joder' y callarme. Y no subir a quejarme, por supuesto.

La ciudad era eso; vivir momentos, mirar a todos lados, estar prevenido, calcular el tiempo, dinero, drogas, fiesta, facturas, resaca, sexo, andar rápido, alarmas, robos en plena calle, gritos, pobreza, consumismo, quejas, resignarte, cerrar la puerta de lo que llamas casa. 

Si alguien me hubiese puesto una nota en la puerta antes. Si F. no me hubiese dejado.
Si mi madre me hubiera avisado de que la vida era esto.

Tener el control de una vida es difícil sin la edad reglamentaria. 
Pero estad seguros de que sigo viva.